contextos sociales, políticos y de género de la década del 70 y del presente

DECADA DEL 70:

El proceso que despunta en los años sesenta con la aparición y consolidación de movimientos sociales y políticos, cuenta con la presencia, cada vez más activa, de mujeres. En los setenta, esta participación se transforma en masiva, casi igualando en número a sus compañeros en las movilizaciones callejeras. Paralelamente, creció el compromiso de estas activistas con las luchas y los principios que las sustentaban.

Los cambios ocurridos a nivel mundial, dieron fundamento a las propuestas transformadoras que se levantaron en nuestro país. Esas transformaciones permiten creer, también, en la posibilidad cierta de una modificación profunda de las relaciones entre varones y mujeres y en la perspectiva de ir creando nuevas formas para la participación, el reconocimiento y la valoración de su accionar, que reemplacen las múltiples formas en que desde siempre las mujeres han sido marginadas y silenciadas a la hora del triunfo y la decisión. 

Se registra un avance en la toma de conciencia de sus derechos y van apareciendo nuevos reclamos y nuevas demandas que surgen de las discusiones y de la práctica concreta en los distintos espacios donde las mujeres aprenden a moverse, a organizarse y a organizar, a enseñar y a aprender, a convocar en el barrio, el sindicato, el partido político, la unidad básica. La distribución de tareas, los horarios de reunión, la toma de decisiones en el trabajo conjunto con los compañeros, hace que vayan apareciendo señalamientos sobre las características y modalidades de esta participación.

Gran cantidad de mujeres ingresaron a la educación universitaria en diversas disciplinas, desde donde fueron convocadas a múltiples actividades del quehacer estudiantil. Al igual que a sus compañeros, se les abrió nuevas perspectivas, llevando a muchos y a muchas, finalmente, a integrar agrupaciones que se mueven alrededor de los centros de estudiantes. Renuevan sus objetivos políticos y sociales, que coinciden y, se van entrelazando, con las propuestas que levantan las organizaciones político-militares para los distintos sectores y actores sociales.
En los años sesenta también irrumpe la pastilla anticonceptiva, que revoluciona la situación de las mujeres a nivel mundial. Su aparición y la posibilidad de su uso por decisión de las mujeres, pone en entredicho la función tradicional asignada a la mujer en la familia, ya que le permite planificar la descendencia, y por ende, las obligaciones y limitaciones de una maternidad que escapaba, muchas veces, a la decisión de las mujeres. Esta apertura de nuevos espacios y de la posibilidad de manejo del propio cuerpo y del propio tiempo, transforma el horizonte de muchas mujeres y abre perspectivas que posibilitan cambios económicos, psicológicos e ideológicos vitales para el logro de su autonomía.
A nivel barrial, las mujeres peronistas cuentan con una larga tradición de participación. Primero en las unidades básicas femeninas, lugar de encuentro y discusión en el barrio y, posteriormente, con la experiencia de haber sido parte activa en las añejas luchas del peronismo, desde los años de la resistencia. Las famosas “cocinas peronistas” fueron las postas de encuentros y discusiones para el hacer y el qué hacer. En ellas se hilaban las formas de sostener y reivindicar la “identidad” y de buscar estrategias para seguir estando presentes. Alrededor de las “mateadas” se eludía la represión y las prohibiciones que sufría el movimiento después de 1955. El trabajo político organizado en los barrios convoca a hombres y mujeres por igual, se discute y participa y por igual van a las movilizaciones y se gritan las consignas, por igual sueñan con un futuro más justo e igualitario.

Se creó la Agrupación Evita como un frente de masas destinado a las mujeres, permitió el desarrollo de una riquísima experiencia de crecimiento colectivo de las mujeres; de ver, analizar y discutir la realidad desde otra mirada, de poder descubrir lo que hasta entonces estaba invisible o de lo que no se hablaba. Junto con los problemas de todos, se reconocen los problemas propios de la condición de ser mujeres, ya sea en el barrio, en la militancia, en las relaciones de pareja, como madres, como trabajadoras. Se discute entre todas y se va afirmando y confirmando lo que se va descubriendo: una nueva manera de ser y de sentirse mujer y militante. Se verifica, sobre todo, en el gran crecimiento de la participación, en la organización de actividades, en la distribución de tareas y de responsabilidades, y también en las relaciones personales. Crece una incipiente pero profunda toma de conciencia de un nuevo papel de las mujeres en la sociedad.

ACTUALIDAD:

En la Argentina, las mujeres enfrentan mayores niveles de desempleo y de precarización laboral que los varones. La brecha de ingresos es de 27,7% y aumenta cuando se trata de trabajos informales, alcanzando el 36,8%. Estas diferencias se ven reforzadas por una asimétrica distribución de las tareas domésticas y de cuidados no remunerados: las mujeres dedican 3 veces más de tiempo a estas labores que los varones. A su vez, 9 de cada 10 mujeres realiza estas tareas y esta jornada de trabajo no pago se extiende, en promedio, 6,4 horas diarias. Esta segunda jornada, que se realiza en los hogares, es un factor relevante a la hora de explicar por qué las mujeres tienen mayores niveles de precarización laboral y desempleo. Ante la pandemia COVID19, y frente al cierre de escuelas y espacios de cuidado, estas tareas se volvieron un factor más relevante aún en los hogares, aumentando las horas necesarias para cubrirlas.
Debido a estas brechas estructurales, los efectos negativos del COVID-19 sobre la economía tienden a reforzar las desigualdades preexistentes. Clase social, formalidad/informalidad laboral, ubicación geográfica, urbanidad, nivel de ingresos, género y edad, son factores determinantes de las posibilidades para afrontar la pandemia. Es por eso que el Estado argentino ha implementado un conjunto de medidas orientadas por tres principios fundamentales: cuidar la salud, cuidar los ingresos y cuidar el saber hacer empresarial. 
Las mujeres tanto en los 70 como en la actualidad luchan por derechos. Avanzamos como sociedad pero todavía hay que hacer muchos cambios y seguir luchando. Acá mostramos la brecha salarial en la actualidad, pero hay muchísimas cosas más, como la cantidad de femicidios. Hace poco vimos algo en redes, como la mujer no puede estar segura en ningún lugar. Hubo una encuesta donde preguntaban a hombres que harían si no hay mujeres por un día y solo contestaron cosas como, jugar todo día, que no harían nada de lo que ya hacen, en cambio a las mujeres se le pregunto lo mismo y todas coinciden en que saldrían a la calle de noche sin miedo a que les pase algo.


Báez, Moreira, Valguarnera.



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